Autoridades estatales, culpables del pésimo servicio del transporte público
24 de Enero de 2017
Staff MARCHA / Orizaba, Ver.
Por Manuel Carvallo

Sin duda la corrupción que priva en la dirección de Transporte Público ha sido, es y seguirá siendo el principal problema para mejorar el servicio de transporte urbano en el puerto de Veracruz como en todo el estado.

Las "mochadas", las "mordidas" y hasta las extorsiones, continúan como en sexenios anteriores y nadie impide que circulen por las calles camiones chatarra que no reúnen ni los más elementales requisitos de higiene y seguridad para dar un servicio digno a los veracruzanos.

Caro y deficiente

El transporte público en el estado de Veracruz es sin duda el tercero más caro de todos los estados de la república, y uno de los peores a la hora de prestar el servicio, ya que las autoridades les permiten circular en pésimas condiciones tan solo con la dádiva mensual por unidad, a fin de que no sean detenidas y obligados los propietarios y concesionarios a meterlos al taller.

Se dice y se escribió en el reglamento de Transporte Público que un camión de pasajeros que presta el servicio no puede tener más de 12 años de vida útil, sin embargo, en el puerto de Veracruz existen unidades de más de 20, 25 y hasta 30 años de servicio, situación tolerada debido a la corrupción que impera dentro de las oficinas regionales de Transporte Público del estado.

Nueve pesos el pasaje general y siete pesos a los estudiantes y adultos mayores, es lo que cobran las unidades, por el pésimo servicio, en unidades que, parece, se caen a pedazos.

Actualmente cinco de cada 10 unidades del transporte urbano de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, no deberían circular, debido al plazo de vencimiento en el servicio o simplemente por las pésimas condiciones en las que están.

El transporte público concesionado es deficiente. ¿Quién puede negarlo?

Es fundamental aplicar ejercicios de rendición de cuentas desde las organizaciones civiles para mejorar la provisión y calidad de los servicios públicos, sobre todo en el transporte público que carece de capacitación tanto de los usuarios como de los choferes y de los propios elementos de Transporte Público que serían los encargados de regular esas fallas.

El pasajero durante la hora pico, tiene que soportar los pisotones, arrimones y empujones ya que, en muchos casos, no tiene otra alternativa. En el caso de no haber alcanzado lugar sentado, tendrá que recorrerse y descubrir nuevos rincones en un vehículo que a pesar de ser una caja con capacidades físicas bien definidas, desafía aquella ley que dice “que dos cuerpos no pueden ocupar un mismo espacio”. El chofer subirá pasajeros hasta que el camión vomite gente.

Cada día es más complicado encontrar a alguien que no tenga una historia que contar: prácticas que ponen en riesgo a los usuarios, maltratos, groserías y abusos son adjudicados a los operadores. Así es la ruta de camino al trabajo de Nora. Quizá un día a bordo de alguna unidad sufra un accidente, un choque o un asalto; o cualquiera de los factores que sazonan la vida jarocha durante las horas más caóticas de la ciudad.

Sin embargo, y por desgracia, no hay nadie en ninguna ciudad del estado que ponga orden en el transporte urbano, ya que las autoridades de Transporte Público hacen caso omiso de la situación pese a que esto le costó la vida a 25 personas el año pasado.

Es innegable que en Transporte Público, priva la corrupción tanto o más que la que sigue habiendo en Tránsito del estado, pese a las buenas intenciones del gobernador, ya que mientras los elementos de estas corporaciones no reciban un salario y trabajen como meritorios, seguirán cometiendo actos indebidos como la exigencia de dádivas, las extorsiones y las mordidas.