Hace un par de semanas, les comentamos que tuvimos la oportunidad de asistir a la presentación del nuevo Toyota Supra. En ese texto indicamos que era un primer contacto y que esperábamos tener próximamente las oportunidad de manejarlo, aunque Toyota no nos daba muchas esperanzas.
Y es que como mencione anteriormente, la base del Supra es de BMW. Es algo que generó muchas expectativas, y básicamente lo empezaron a comparar con el Z4, argumentando que eran exactamente lo mismo por lo menos en el papel. Por eso Toyota organizó esta prueba, ya que la puesta a punto corre por parte de Gazoo Racing quien es el encargado de preparar los coches de competencia con los que, la marca nipona, participa en diferentes certámenes.
Ya dentro del auto y dispuestos a quemar llanta, lo primero que sentimos al acelerar es la entrega de potencia inmediata por parte del motor 6 cilindros 3.0 litros en lÃnea, turbo, de 335 HP y 365 lb-ft de torque y caja automática de 8 velocidades. La aceleración de 0 a 100 km/h lo hace en 4.1 segundos que vienen acompañados de un rugido ronco que hace descarcar el primer rush de adrenalina.
No esperábamos menos de este motor de origen alemán, pero donde realmente nos sorprendió es en cómo se maneja. Un auto muy bien balanceado, con bastante aplomo sobre el pavimento, gracias a que tiene uno de los centros de gravedad más bajos del mercado y una excelente repartición de peso 50-50. Un deportivo que curvea con precisión e incluso, si te pasas o le exiges, corrige para salir muy bien plantado. Esto se debe a la suspensión adaptativa con la que cuenta el Supra y que lo hace ser un auto muy interesante en pista.
El final respondemos la respuesta de ¿si vale la pena o no? y la verdad es que si. Los japoneses tomaron los elementos que dominan los alemanes, si. Pero le dieron otra vida, y lo hicieron suyo. El final, el manejo te enamora tanto que te enfocas en disfrutar y saciar esas ganas interminables de manejarlo.