PLANA MAYOR

Flavino: ¿justo por pecador?

Gaudencio



Flavino Ríos Alvarado, exsecretario de Gobierno y exgobernador interino, por ingenuidad y candidez, bajo proceso penal por el presunto delito de haber sido cómplice de la fuga del entonces gobernador prófugo y actualmente preso en Guatemala
El creciente descrédito popular que sembró con toda la desfachatez en el sexenio priista, Javier Duarte, para enarbolar con singular dobles y cinismo la depredación de los dineros públicos, no solo ha impactado al PRI, al aparato político local sino socavó a la corrupta partidocracia que lo sostiene.

El PRI no solo es oprobioso con la sociedad civil y los ciudadanos de a pie –tienen que cargar a chaleco todos los desatinos y cochineros del Fidelgate y el Duartegate como si Veracruz estuviese para bollos-, sino de sus cómplices de las cúpulas del PAN, PRD y sus satélites.

Ahora, curiosamente, no tienen memoria. Padecen de los síndromes de Alzheimer, de Hybris, son miopes y sufren, además, el del Parkinson, sí, pero cuando los vendavales no les favorecen como en la actual ventisca que no llega a clasificarse como huracán en categoría uno o dos.

Flavino Ríos Alvarado, exsecretario de Gobierno y exgobernador interino, por ingenuidad y candidez, bajo proceso penal por el presunto delito de haber sido cómplice de la fuga del entonces gobernador prófugo y actualmente preso en Guatemala –el 15 de abril del año en curso-, ¿está pagando justo por pecador?

¿Cómo Secretario de Gobierno no estaba enterado de todas las acusaciones que venía ventilado la Auditoría Superior de la Federación por malos manejos en contra de Duarte? ¿Acaso no tenía informes internos de cómo manejaba los dineros públicos su jefe? ¿Y ya como Gobernador interino no se enteró de todas las propiedades que compró Duarte con sus prestanombres? La sociedad civil es suspicaz.

El cochinero, el fango, el pantano de la corrupción que enfrenta el Poder Ejecutivo del gobierno de Veracruz, junto con los poderes Legislativo y Judicial, son corresponsables. Las cúpulas del PAN, PRD y los minipartidos desde los inicios de los gobiernos de Fidel Herrera y Javier Duarte fueron sus abyectos incondicionales.

A cambio de oro y el moro, posiciones privilegiadas en las altas esferas del poder público o en el Consejo de la Judicatura del Poder Judicial o cifras millonarias, a cambio de su silencio sombrío y su voto en las sesiones plenarias de la LX, LXI, LXII, LXIII y, de pilón, la LXIV Legislatura local, por haber votado a un fiscal general que no reunió los elementales requisitos para ocupar el honroso cargo que se presume “autónomo” del Poder Ejecutivo.

El quiebre financiero y la disfunción de Veracruz, con la anuencia de las altas esferas de Los Pinos, atañe no sólo a los dos últimos ex gobernadores sino a los cuatro ex coordinadores de la Junta de Coordinación Política de la Legislatura local de los últimos doce años y a los extitulares del Poder Judicial que avalaron las decisiones metaconstitucionales de Fidel Herrera y Javier Duarte.

Y que hoy, por supuesto, la clase política de PRI y sus asociados del PAN, PRD y los satélites, se lavan olímpicamente las manos como Poncio Pilatos. Todos
los partidos políticos, sin excepción, contribuyeron al desfondamiento del erario estatal, al abismo o tsunami social en el que se encuentra hoy Veracruz.

Los miasmas que heredó el Duartegate al bienio yunista ¿qué tanto repercutirá en la partidocracia que habrá de renovar los 212 ayuntamientos del estado de cara al 4 de junio? ¿Le afectarán solo a PRI y a su concubino el PVEM, franquicia ahora administrada por Fidel Herrera y su vástago? ¿El hecho de que el gobernador MAYL sea producto de la coalición PAN-PRD, no pagarán las consecuencias de su atormentado pasado?

El pasado no se puede desligar del presente por todo lo que signifique la manipulación aviesa de la historia oficial, porque tarde o temprano saldrá a la luz la verdadera historia que pondrá en su lugar y en su justa dimensión a los cómplices partidistas que, en los drenajes y sótanos del poder público, fueron partícipes del desastre social de Veracruz y que hoy se curan en salud.

No es necesario recurrir a las pitonisas o a las encuestas “patito” para conocer qué partido político o coalición se colocará en la cresta una semana antes de que cierren las campañas proselitistas. De antemano los pronósticos para el 4 de junio son desalentadores porque el océano de la corrupción gubernamental y partidista será una losa para los candidatos a las 212 alcaldías.

Nadie se salva del abanico de los 9 partidos políticos nacionales que contienden en los comicios del 4 de junio. Morena del Peje, a pesar de haber sido salpicado con las manos en la masa a nivel nacional de su exdiputada local y candidata fallida a la alcaldía de las Choapas, Eva Felícitas Cadena Sandoval, es de los partidos menos malo de los malos que se perfila como puntero en la mayoría de los 212 ayuntamientos en disputa.

La coalición del PAN-PRD, que antes fueron enemigos históricos irreconciliables hasta el 2016 que decidieron contender en amasiato, tuvo la oportunidad de oro en el bienio de MAYL de ser el contrapeso del gobernador para exigir el ofrecimiento de la agenda de campaña, contra todos los avatares externos e internos, que hasta ahora han quedado en quimeras o entelequias.

Esta circunstancia y coyuntura electoral es oxígeno puro para validar a la gestión yunista con la lucha frontal contra la corrupción, el enriquecimiento inexplicable, el abuso del poder, la inseguridad pública y el crimen organizado, pero el concubinato PAN-PRD tiró al aire la excelente oportunidad para recuperar la erosionada credibilidad ciudadana del tejido social y urbano.

Dedicar la mayor parte de los 24 meses del gobierno en confrontaciones, enconos, luchas sórdidas y descalificaciones a la prensa por haber sostenido relaciones comerciales con los gobiernos priistas como ocurre en la mayor parte de los estados del país, no traerá ningún beneficio para Veracruz. Y menos cuando se vive un estado disfuncional. Comentarios a gau41@hotmail.com