PLANA MAYOR

Inseguridad: campo minado para periodistas

Gaudencio



¿Por qué está regresión a la época barbarie y del ojo por ojo y diente por diente? Las instituciones públicas y el país se han modernizado. Hoy, las redes sociales han superado las expectativas de la administración y procuración de la justicia. Queda patente que los servidores públicos de los tres poderes federal, estatal y municipal, están fallando con los reclamos enérgicos de la sociedad civil para combatir la corrupción oficial
La actividad periodística en Veracruz y en el país pasa por una fragilidad nunca jamás vista en pleno siglo XXI. Desde la década de los 80 el oficio reporteril más antiguo del mundo –conjeturaba el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez- se había visto minado por los poderes fácticos del crimen organizado y formal del poder público y sindical.

¿Por qué está regresión a la época barbarie y del ojo por ojo y diente por diente? Las instituciones públicas y el país se han modernizado. Hoy, las redes sociales han superado las expectativas de la administración y procuración de la justicia. Queda patente que los servidores públicos de los tres poderes federal, estatal y municipal, están fallando con los reclamos enérgicos de la sociedad civil para combatir la corrupción oficial.

Desde los 80 para acá ejercer el periodismo en el país es una odisea, caminar en un inexorable campo minado y con la sombría mano de los poderes fácticos y legales que pueden acabar con la existencia del trabajador de los medios de comunicación. A veces en complicidades abyectas o cada uno por su lado. Y de ahí para acá el número de periodistas ejecutados se han ido multiplicado peligrosamente en el país.

Los dolosos entramados y marañas legales que entraña el poder público dieron cuenta en los entresijos como urdieron el asesinato del influyente columnista de Excélsior, autor de Red Privada, Manuel Buendía Téllez Girón, el 30 de mayo de 1984, quien en su brillante carrera periodística le dio seguimiento puntual al ascenso de las organizaciones ultraderechistas, a la penetración del narcotráfico con las altas esferas gubernamentales y la defensa del Estado laico. Fue un suceso que conmovió y reprobó la sociedad civil en el país.

Al otro día, el 31 de mayo de 1984, era asesinado el editor Javier Juárez Vázquez, en Coatzacoalcos, quien se recuerda había tenido diferencias con el entonces alcalde priista de puerto México, Juan Hillman Jiménez. Su crimen nunca se aclaró.

La prensa veracruzana nunca había sido expuesta que se recuerde en la época contemporánea y tan vulnerable a la barbarie y amenazas de la delincuencia organizada en complicidad aviesa con las altas esferas de la SSP o de la fiscalía general del Estado, bajo la retórica estridente y populista del gobernante en turno.

Los protocolos para protección de los comunicadores, instituidos por la antigua Procuraduría General de Justicia del estado –hoy pomposamente fiscalía general que en teoría es soberana e independiente, pero que en la práctica es un brazo represor del gobernador de extracción albiazul-, la PGR y la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas, son ambiguos, insuficientes e inocuos.

La seguridad para el desempeño profesional de los periodistas en actividades del poder público y de la sociedad civil, como en el frente de ‘guerra’ que sostiene el Estado mexicano contra la delincuencia organizada, mediante los operativos ‘Veracruz Seguro’, es endeble, frágil y sombría, ante instituciones públicas colapsadas que heredó el Duartegate y que aún no ha sido saneadas
a fondo.

La práctica de la corrupción en las altas esferas de la SSP y de la fiscalía general es evidentes a flor de piel. Los mandos medios duartistas en ambas dependencias continúan ejerciendo un poder omnímodo en los puntos rojos de la entidad, donde el crimen organizado es la ley y el terror. Las licitaciones públicas se concursan a modo.

Los atentados contra el gremio periodístico veracruzano no son fortuitos o casuales, tienen un origen que el Ministerio Público del fuero común y federal han dejado más sombras que luces, más dudas que certidumbre. La violencia contra los comunicadores, quienes en su mayoría no cuentan con un seguro de vida ni un salario digno profesional, se ha recrudecido desde hace 17 años para acá.

Del gobierno de Miguel Alemán Velasco (1998/ 2004), pasando por Fidel Herrera Beltrán (2004/2010), Javier Duarte (2010/2016) y ahora en el bienio de Miguel Ángel Yunes Linares (2016/18) ejecutaron al primer periodista y editor del portal www.elpolitico.com, Ricardo Monlui Cabrera, el domingo 19 de marzo en el municipio de Yanga, para sumar el número 20.

El epílogo del drama en Veracruz. Cada vez que truncaban la vida de un comunicador o fotorreportero, por justificación oficiosa de los gobiernos de Fidel Herrera y Javier Duarte, se lanzaba el oprobio de que el atentado ocurría por mantener vínculos con el crimen organizado. Esa era la primera línea de investigación y no la función profesional como periodista, como en rigor debía serlo.

Es evidente que de Alemán Velasco para acá – con el extraño accidente en su departamento del experimentado periodista José Miranda Virgen, autor de la columna “El Espejo del Poder” en el diario Sur –hoy Imagen de Veracruz, el 11 de octubre de 2002 en Boca del Río, han sido víctimas de una justicia sesgada, oficiosa, suspicaz, perniciosa y, en suma, de mala leche. Esto originado por instituciones públicas corrompidas y colapsadas por el gobernador en turno.

La numeralia de amigos y colegas abatidos por manos criminales no cesa en Veracruz que ha acaparado y sigue acaparando la investigación de la prensa mundial. Han pasado más de 72 horas del crimen del comunicólogo Ricardo Monlui Cabrera, nativo de Córdoba, y la fiscalía general coadyuvante y la PGR no han detenido a los autores materiales del alevoso asesinato.

Según la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE), la primera línea de investigación que se ha dado es el seguimiento de su labor profesional.

Por lo menos, en el bienio yunista impero la cordura y la perspicacia para no descalificar o satanizar el trabajo periodístico de Ricardo Monlui, por aquellos oprobios de que “la prensa veracruzana es corrupta y vendida al servicio de Duarte (sic)”.

Como corolario al surrealismo político, por cierto, la agencia del FBI encontró insu facto el jersey del quarterback de Tom Brady de los Patriots de Nueva Inglaterra, y la PGR no localiza al prófugo Javier Duarte, ni a los asesinos de Monlui. !!!Ufff¡¡¡ Comentarios a gau41@hotmail.com