PLANA MAYOR

El redentor, el profeta: un rijoso

Gaudencio



Homo homini lupus. El hombre es el lobo del hombre.
Los políticos, salvo sus excepciones y colores, cuando escalan el peldaño del éxito, de la cima y conquistan el laurel del triunfo, son como el camaleón: cambian de color, de percepción y de retórica. Su metamorfosis kafkiana no nos asombra.

Es lamentable, execrable y oprobioso que la sociedad civil tenga que soportar la dosis sadomasoquista que infringe el gobernador en turno —extraído de los colores azul-amarillo, producto de un bienio, de un minigobierno—, con recetas domésticas y largo placistas que no conducen a buen puerto a nuestro maltrecho estado.

La cirugía mayor del aparato político estatal que fue el reclamo popular en la campaña proselitista, no se ha hecho a fondo como lo ofreció el redentor, el profeta, el nuevo mesías de la partidocracia para salvar a Veracruz del precipicio político, social y moral. La excusa, el tiempo, la justificación de que no es sencillo revivir el muerto, porque “no tiene la varita mágica”.

Con su retórica foxista —el defenestrado expresidente Vicente Fox de malos augurios para el país, del que fue su peón— de “Ya, ya, ya” que exigía a la PGR que pusiera la lupa a las tropelías y corruptelas de su antecesor del PRI, Javier Duarte, el gobernador MAYL no ha podido llevar ante la justicia a la mayoría de la cofradía de personeros que provocaron el hundimiento de Veracruz. Del desastre apocalíptico, pues.

Los principales cerebros que causaron un daño catastrófico patrimonial por 34 mil millones de pesos, no han sido tocados por la diosa Themis, Lustitia o la reivindicadora Némesis porque ungidos como diputados federales y locales gozan de patente de inmunidad. Se fueron como los jibaritos. Y hasta ahora el único que está en la tablita, en el ojo del huracán es el cuenqueño Antonio Tarek Abdalá Saad, extesorero general de la Sefiplan, por la desviación de mil 600 millones de pesos.

Hay la percepción en el imaginario colectivo que el gobernador negoció en los drenajes del poder público con algunos de ellos como monedas de cambio en la reestructura de la deuda pública del gobierno de Veracruz en la Legislatura local. Uno de los talones de Aquiles de MAYL para reivindicarse con los sufragantes que votaron por él que a 3 meses de gobierno se sienten traicionados por el despido masivo de trabajadores al servicio del Estado.

El tlatoani llegó con una retórica enjundiosa, muy al estilo talibana y fundamentalista, atacando a todos y a todo lo que husmeara al PRI, a sus gobernantes y políticos, sin dejar títere sin cabeza y, por supuesto, a toda la prensa local y nacional, con la excepción del diario Notiver y a sus colaboradores que le brindaron su apoyo.

A la fecha, la prensa en general no ha cobrado los adeudos pendientes con el duartismo, entre ellos El Universal y Excélsior, que ascienden a más de 400 millones de pesos —deudas que en algunos casos vienen del año 2014, como lo confirma el
listado del ORFIS— porque según MAYL son “unos corruptos y vendidos (sic)”.

El discurso de Miguel Ángel era alentador, un bálsamo para la sociedad civil y ciudadanos de a pie porque la población estaba volcada en contra de los desaciertos, desvíos y la política asimétrica de Duarte y sus testaferros, como lo fue comprobado en las elecciones del 5 de junio de 2016. Pero está concepción de la población no ha cambiado, lamentablemente. Adultos y jóvenes tienen una pésima percepción del gobernador porque su política que ha aplicado sólo es un mero “gatopardismo”. No hay nada extraordinario. La corrupción empieza a aflorar.

Un hecho palpable ocurre en la Secretaría de Seguridad Pública en lugar de combatir a fondo la corrupción con los personeros del duartismo, se continúa fomentando las mismas prácticas de la opacidad en las licitaciones para la adquisición del nuevo parque vehicular, armamento, chalecos, botas y, trato especial a las compañías de grúas de Xalapa, que de alguna manera están relacionadas con el extitular de la SSP, Arturo Bermúdez Zurita, actualmente bajo prisión preventiva desde el 3 de febrero del presente año.

En tanto en la Secretaría de Salud están ocurriendo las mismas prácticas viciadas de corrupción, favoreciendo a algunas compañías de fama pública en perjuicio de firmas locales que ofrecen mejores precios, pero que curiosamente son descartadas en los concursos, según denuncia pública del empresario local y expanista Alejandro Hernández Cossío.

Y lo que llama más la atención es que el gobernador MAYL ofreció combatir todo tipo de ardides para combatir la corrupción en todas sus formas y expresiones en su bienio, sin simulaciones ni dobleces. Pero, ¿cómo es que un hermano del tlatoani, convertido en gestor, anda ofreciendo a los proveedores sus servicios ante la Sefiplan para destrabar sus adeudos, mediante el pago de una comisión?

Aparentemente, Veracruz tendría un mejor derrotero, un mejor horizonte, con un discurso conciliador, reivindicador y de profeta. La justicia no sería un cartabón, Némesis vendría a reivindicar a los desposeídos, al lumpen social y marginado de la entidad, pero… Veracruz se ha polarizado, se ha exacerbado. Y el colmo de los colmos, el crimen organizado lo puso en jaque. Está cañón.

El minigobierno pasó de redentor, profeta y báculo de la conciliación, a la rijosidad contra que el que se le ponga enfrente, contra los disidentes, críticos y opositores a su bienio. Hoy fue Andrés Manuel López Obrador; la prensa local tiene 3 meses que la tiene minimizada y satanizada. Pero eso sí le urge las elecciones municipales para imponer a uno de sus vástagos en la alcaldía del puerto de Veracruz.

La triste realidad, estamos ante un gobierno cleptócrata. Las instituciones están secuestradas por la partidocracia. ¿Y la revolución intelectual dónde está? Comentarios a gau41@hotmail.com