PLANA MAYOR

El dilema del PRI: se hunde o resurge

Gaudencio



La sociedad civil no desea fórmulas simplistas, quiere decisiones sabias
Hay la impresión y la percepción pública que tras la complicada elección del Gobernador de Veracruz del 5 de junio del 2016 con la derrota histórica del PRI, la clase política priista no ha asimilado los estertores de la caída más alta del paraíso terrenal que construyó por más de 8 décadas en el estado.

No sólo se cayeron los sueños de un candidato priista que iba en caballo de hacienda –se gestó de un parto complicado maquinado con nombre y apellido-, sino de toda una generación de políticos que buscaban reconstruir a Veracruz de la hecatombe socioeconómica y política que dejó el gobierno cleptócrata duartista.

Fue una pésima decisión después del tsunami partidista del 5 de junio haber sostenido en la cúpula estatal del PRI en manos del notario público con licencia y exdiputado federal, Felipe Amadeo Flores Espinosa –incorporado al gobierno duartista por chantaje de su agrupación priista Vía Veracruzana-, cuando la propia clase priista exigía al líder nacional del tricolor, Enrique Ochoa, la renovación total de los cuadros del comité estatal priista.

La cúpula nacional del PRI actuó tardíamente para relevar a Amadeo Flores. Nunca rindió un informe público –si acaso lo hizo en privado- para conocer a detalle las causas y razones que provocaron la amarga derrota del PRI y de su candidato Héctor Yunes Landa, al que según versiones no oficiales Duarte le entregó vía mensajero 500 millones de pesos para sufragar la campaña proselitista.

Y tampoco puso en marcha la Comisión de Honor y Justicia como debió haber ocurrido para que rodaran las cabezas de los traidores y desleales priistas que se pasaron al bando contrario del PAN-PRD. Se solapó, por consigna, omisión o complicidades abyectas de las altas esferas del Duartegate, porque Amadeo guardó sombríamente silencio cuando los priistas al unísono pedían la cabeza de Duarte que más tarde secundó el líder nacional priista, Enrique Ochoa.

Por disensos, antagonismos y fobias de los grupúsculos del poder político al interior de la cúpula estatal del PRI, fue hasta el sábado 29 de enero que se llegó a un consenso con la delegada del tricolor en Veracruz, Lorena Martínez, para designar al novel Renato Alarcón Guevara como el sustituto para concluir el periodo fallido de Amadeo en el 2018.

Tardío porque no tuvo el tiempo suficiente para recorrer la entidad para conocer los cuadros los 212 comités municipales, ni los seccionales del estado, como debió haber sido formalmente con toda anticipación. Conocer el reclamo y propuestas de la bases priistas de viva voz a todo terreno y transversal, no es lo mismo que leer el diagnóstico de Amadeo que se ajusta a su interés e intereses de sus protectores.

Aquí viene el gran dilema para el PRI. Si no escucha sabiamente y no se rodea de un equipo experimentado que han sido héroes de mil batallas, se percibe
en el imaginario colectivo que el tricolor enfrentaría en las elecciones municipales otra gran derrota que sería casi imposible resurgir en el 2018. Otra catástrofe, pues.

Parafraseando al dramaturgo inglés William Shakespeare: Ser o no ser, ésa es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción del ánimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darlas fin con atrevida resistencia? Morir es dormir. ¿No más?

En pleno proceso electoral para renovar las 212, Renato Alarcón enfrenta el grave desafío de superar a sus adversarios del PAN-PRD, atacando de fondo la corrupción, el nepotismo, conflictos de intereses, el oportunismo, la improvisación y el populismo del bienio yunista, convirtiéndose en el nuevo héroe del PRI, o de lo contrario, será el villano, marcado por el estigma de la derrota.

La herencia maldita que dejó clavada como una llaga en la cúpula priista su predecesor, apadrinado por los senadores Héctor Yunes Landa y José Yunes Zorrilla, en la Secretaría de Finanzas y la Tesorería por deontología debió haberlos relevado de sus cargos, porque el único blasón a su favor que tienen es derrochar los escasos recursos económicos en frivolidades y egocentrismos.

Tanto Hugo Eliud Meraz Barrera, secretario de Finanzas, como Jorge García Villalobos, tesorero de la dirigencia estatal del tricolor, han jineteado los dineros públicos de las prerrogativas del OPLE desde el 5 de junio del 2016 a su libre albedrío, pero han incumplido con los salarios de la clase trabajadora del PRI.

Se amparan en verdades a medias. El OPLE les adeuda las prerrogativas de los meses de octubre y noviembre, pero no ha sido motivo para realizar obras al interior del inmueble y la adquisición de unidades de lujo para el secretario de Finanzas y el Tesorero. Llevan una vida de sibaritas.

Con estas perlas, Alarcón Guevara tiene el doble desafío y compromiso: depurar sus principales cuadros de la dirigencia para evitar el gran Waterloo del PRI en ciernes en los comicios del primer domingo de junio próximo. Es hora de que el presidente del expartido gobernante se ponga las pilas, ponga fin a la guerra sucia, desdoros y chantajes de una dirigencia heredada de la batalla fallida.

Y en este epílogo, en el mundo real del gobierno yunista, donde ahora son una oposición, sea un contrapeso, un dique, una muralla para frenar el populismo y la demagogia de quien encarnado en el redentor, el iluminado, pretende endeudar más al estado –‘20 años más no son nada’-, como una sesuda decisión para salir de la crisis económica heredada por el gobierno cleptócrata duartista.

La sociedad civil no desea fórmulas simplistas, quiere decisiones sabias. He ahí el dilema: “Ser o no ser, ésa es la cuestión”. Comentarios a gau41@hotmail.com