PLANA MAYOR

Veracruz: ¿y el éxodo de los paisanos?

Gaudencio



Ha corrido una retórica histriónica consumada en trazos populistas para idealizar y enajenar a la sociedad civil y a los ciudadanos de pie, que en las primeras luces del bienio ven ya con suspicacia y desdoro que el elegido el 5 de junio de 2016 para dirigir los destinos de Veracruz, no es el redentor que cambiaría el status social de las clases mayoritarias de la entidad.
El tiempo corre, vuela, no perdona ni olvida. Con el tiempo no se juega. Es lo abstracto donde, afortunadamente, el hombre no puede manipular. Han pasado dos meses del gobierno aliancista yunista, nada excepcional comparado con sus antecesores priistas.

Ha corrido una retórica histriónica consumada en trazos populistas para idealizar y enajenar a la sociedad civil y a los ciudadanos de pie, que en las primeras luces del bienio ven ya con suspicacia y desdoro que el elegido el 5 de junio de 2016 para dirigir los destinos de Veracruz, no es el redentor que cambiaría el status social de las clases mayoritarias de la entidad.

Encontró un Veracruz colapsado, un estado disfuncional, con instituciones públicas corrompidas, una inseguridad pública concesionada al crimen organizado, tolerado por las altas esferas de Los Pinos. A toda esta pandemia, el expriista y tlatoani se comprometió resolver, atacar de raíz, acabar con la hidra de mil cabezas para que nunca más echara raíces en la entidad.

Intentó convencer al presidente EPN, de extracción priista, mediante un chantaje mediático —“voy a cimbrar a México”, que resultó un ardid publicitario— para hacer un rescate financiero mediato e inmediato del estado —un barco en picada por el manejo fraudulento de su antecesor—, con dos conciliábulos sucesivos, pero irremediablemente fueron un fracaso. Recibió sólo partidas federales a cuenta de 2017, que por cierto, mantuvo en la secrecía sin que la opinión pública estuviera al tanto de los manejos de los dineros públicos.

Sus histriónicos discursos en los eventos oficiales, cuando su timorato y pelele vocero de Comunicación Social se le ocurre informar a los Mass Media, lo juró y perjuró antes y después que no contrataría más líneas de crédito para endeudar más al estado, fue una verdad a medias o una verdad de Perogrullo: acabó solicitando un crédito bancario por más de 7 mil millones de pesos y alargó el pagó de la deuda de 30 a 50 años. ¡Qué chulo! ¡Que paguen los contribuyentes!

Todo con la complicidad aviesa de los sumisos diputados de las bancadas de la LXIV Legislatura local, incluyendo por supuesto al PRI, PVEM y a Morena —contubernio pueril a cuenta—, a la que tanto criticó y enjuició por su entreguismo en el pasado mediato el gobernador MAYL. Ya corrieron 2 meses de gestión yunista; sólo quedan un año y 8 meses del bienio.

El tiempo no perdona ni la sociedad civil olvida. En su cándida retórica ilusionista el tlatoani ha soslayado cuántos empleos piensa generar en el primer año de su bienio y a cuánto ascenderá la inversión nacional y extranjera que se canalizará a Veracruz, qué tipo de facilidades le está dando al sector privado para que se asienten en la entidad. Ha sido hasta ahora pírrica la inversión atraída por el gobierno aliancista.

Bajo la tormenta Trump —Donald el presidente
xenófobo y misógino de EU—, el gobierno de Veracruz no ha dicho cómo y de qué forma piensa emplear el éxodo masivo de inmigrantes veracruzanos que radican en territorio estadounidense y que podrían ser repatriados en cualquier momento a la entidad. Es una bomba de tiempo que en un abrir de ojos puede explotar por la volatilidad del gruñón y machista Trump.

El éxodo es una mina latente que, hasta ahora, el gobernador MAYL ha evadido campechanamente. Su emblemático Plan de Desarrollo Veracruzano contempla o tiene contemplado algún apartado específico para recibir a los millones de veracruzanos que se encuentran trabajando en EU. ¿Tiene la capacidad el Gobierno del Estado para emplear a nuestros paisanos? Es la punta del iceberg.

La política social aliancista del bienio yunista se ha visto a cuenta gotas en un ejercicio a todo terreno, transversal, multifactorial porque el tejido social de la entidad se encuentra erosionado por voluntades asimétricas que ejercieron por varias décadas los gobiernos priistas.

En suma, el tlatoani que se aloja en el exclusivo hotel Holiday Inn Express, en lugar de la Casa Veracruz —la que batió olímpicamente—, se ha visto falto de temple y solidez para defender las causas sociales de las capas mayoritarias y desposeídas de la entidad, que tanto se vanagloria en su retórica populista. En teoría debería ser el primero en poner el ejemplo.

No ha dicho cómo va a defender a la sociedad del gasolinazo que repercute en la cadena productiva de alimentos básicos, ni ha rechazado la aplicación del impuesto federal a las gasolinas que distribuye el gobierno federal a los estados, el famoso IEPS.

Tiene todas las armas políticas para poner en jaque a las altas esferas de Los Pinos, pero ha preferido la comodidad del silencio o negociación encubierta.

Es una contradicción la línea de acción de su discursiva populista de adentro hacia fuera en sus reclamos, demandas y sentencias. “Ya, ya, ya”. Pero de fuera hacia dentro del poder público que él encabeza, simplemente no hay cabalidad. Son lo mismo que sus predecesores. ¿De acuerdo?

AL CALCE… ¡¡¡Otra pifia más!!! Cero y van dos peces duartistas que se le van al modosito y engreído fiscal general del Estado, Jorge Winckler Ortiz. Primero fue Gabriel Deantes, exsecretario del Trabajo, y luego fue Leonel Bustos Solís, exdirector del Régimen Estatal de Seguridad Social, quienes salieron libres del penal de Pacho Viejo. Y el tercero para deshonra del fiscal será el extitular de la SSP, Arturo Bermúdez Zurita, quien este viernes duerme en Pacho Viejo por el delito acumulado de Enriquecimiento Ilícito. Un delito que no es catalogado como grave y que de acuerdo con la ley, Bermúdez estará saliendo bajo fianza el próximo martes. ¡Hay que cambiar de fiscal, ya!

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