Plaza Caracol

¡Pensar Juntos; Actuar Juntos!

Helí Herrera



En política, los símbolos suelen resultar más poderosos que los hechos. El muro, de construirse, sería solo eso: un símbolo.
Han pasado 102 años de la invasión yanqui a nuestro territorio por el puerto de Veracruz cuando México se ve amenazado de nueva cuenta por el imperio. Su presidente, Donald Trump, de manera insolente le ha impuesto su agenda al nuestro, le ha marcado sus tiempos y lo ha invitado a sentarse a la mesa para ser menú, mas no interlocutor.

Antes, en 1848, ellos mismos nos arrebataron más de la mitad de nuestro territorio (el más industrializado actualmente), y hoy nos amenazan con deportar a nuestros millones de paisanos que laboran allá; con embargar parte de las remesas que le envían a sus familiares; con levantar un muro el cual debemos pagar, y derogar el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), que desde 1993 como diputado federal acusé a Carlos Salinas de Gortari que, de firmarlo, llevaría a la quiebra a la industria nacional y al campo mexicano, convirtiendo a nuestro país en una nación dependiente de las políticas públicas de Los Estados Unidos, como hoy sucede.

En política, los símbolos suelen resultar más poderosos que los hechos. El muro, de construirse, sería solo eso: un símbolo. No serviría para nada porque en los últimos años más mexicanos se han ido de Los Estados Unidos que los que han entrado (en 2014 había en USA 140 mil mexicanos menos que en el 2009), y por lo que denuncia Trump referente a que detendría la entrada de droga a ese país, vale la pena precisar que mientras haya millones de estadounidenses consumiéndolas habrá narcotraficantes mexicanos produciéndola, comercializándola e introduciéndola allá por túneles (somos especialistas), por mar, por aire, ahora por la frontera Canadiense y, lo más viable, que los mismos distribuidores norteamericanos por ser un negocio altamente rentable vendrían por ella (en el 2013 había en Estados Unidos 24.6 millones que dijeron haber consumido algún tipo de droga, y para el 2015 había aumentado en 4.7 por ciento, según el National Institute on Droug Abuse).

¿Y el TLCAN? ¿Perjudicaría severamente nuestra economía? NO, lo digo categóricamente. A México le ha ido mal con él porque como lo apunte líneas arriba los grandes trusts y monopolios estadounidenses cruzaron la frontera para venir a explotar nuestros recursos naturales, mano de obra y destruyeron miles de empresas nacionales que nunca pudieron competir con la tecnología de punta que trajeron.

De allí el descarrilamiento de nuestro mercado interno y la fragilidad del peso frente al dólar (en otras partes del mundo las locuras de Trump han devaluado al dólar mientras acá se fortalece. Si el gobierno de Trump se saliera del NAFTA, sinceramente analizo que obligaría al nuestro a desempolvar viejas recetas que le dieron al país la oportunidad de desarrollarse y vivir del milagro mexicano.

En 1934 nuestra nación era deficitaria en materia alimentaria. El presidente Lázaro Cárdenas inicia el reparto agrario, crea una banca de desarrollo, funda empresas fabricantes de fertilizantes, invierte millones de pesos en la investigación, produce desde el Instituto Politécnico Nacional miles de ingenieros agrónomos, rompe con el monocultivismo y tecnifica el campo, libera de aranceles a la maquinaria agrícola, produce semilla mejorada y el resultado, combinadas todas, es que en los primeros dos años de su gobierno somos autosuficientes en materia alimentaria y para 1938, exportadores.

En este momento de nueva cuenta somos deficitarios lo que explica el abandono de
cientos de miles de campesinos, ejidatarios y pequeños agricultores del campo y su migración a Estados Unidos.

En el sector industrial estábamos peor. Cárdenas tuvo que tomar decisiones peligrosas que pudieron haber generado conflictos hasta bélicos con USA e Inglaterra como fue la nacionalización de la industria petrolera, la ferrocarrilera. Más adelante, Adolfo López Mateos la eléctrica, y Luis Echeverría Álvarez, la telefónica, y que gracias a la unidad nacional apoyando estas medidas, se evitó.

El petróleo en manos del Estado fue el motor para nuestra industrialización con beneficios que se viven hasta 1976, en que los malos gobiernos no pudieron o supieron administrar la abundancia y le dieron entrada a los políticos neoliberales que torcieron el rumbo trazado por la revolución mexicana y se arrodillaron ante el imperio, firmando pactos vergonzantes como el TLCAN, que desde mi óptica debería revisarse para con una buena negociación ponerlo del lado nuestro, o salir de él, inclusive, agradeciéndole a Donald Trump esta exigencia que nos colocaría en la ruta de la reactivación de nuestro mercado interno con la inversión extranjera que quiera quedarse o venir con estas nuevas reglas, y con nuestra industria nacional incentivada con una banca de desarrollo nacional competitiva con la extranjera (Carlos Slim preciso el viernes 27 en una conferencia que la inversión extranjera en México es del 15%, y el 85% es nacional, pero urgió al gobierno a impulsarla en infraestructura, y exigió cambios en la política fiscal y monetaria para multiplicar exportaciones hacia otros países europeos y latinoamericanos, y de esa forma no depender de los norteamericanos que son del 80 por ciento).

En esa psicología invertida, apuntaré que las amenazas y acciones de Trump son las oportunidades de México, de pensarlas juntos para actuar juntos, dado que no hay política exterior posible sin política interior estable.

Sin Estado ni gobierno sólido no es posible enfrentar al imperio, por eso, creo que ha llegado el momento de cerrar filas todos los mexicanos para exigirle al gobierno federal un golpe de timón sin temor alguno, en las relaciones con el presidente ilegítimo que se encuentra en la Casa Blanca a pesar de haber obtenido casi 3 millones de votos menos que Hillary Clinton.

No puede ser que desde dentro del territorio estadounidense se gesten gigantescas movilizaciones como las de mujeres enfrentando a Donald Trump mientras acá existan titubeos de nuestro mandatario; no puede entenderse que los alcaldes norteamericanos de 360 municipios, incluidas varias megaurbes como Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Dallas, San Francisco, Washington DC, Phoenix, Minneapolis, Baltimore y Detroit, desafíen a –su presidente- advirtiéndole que no lo van a obedecer en sus proyectos persecutorios contra indocumentados, y acá Peña Nieto ande titubeante de ponerle un hasta aquí al usurpador de la Casa Blanca. No puede ser que las iglesias norteamericanas clamen por los inmigrantes y la nuestra se calle la boca.

Ha llegado el momento de la Unidad Nacional, sin siglas ni religiones, formar un solo cuerpo que sea la señal al advenedizo de que México está compacto para enfrentarlo, con el apoyo de los estadounidenses que lo cuestionan por sus locuras y la solidaridad internacional que ya empieza a reflejarse. ¡De Santa Annas ya basta!

plazacaracol@hotmail.com

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