@suntos del Poder

Los encargados de la seguridad, ¿miopes o pendejos?

Manuel Carvallo



Aunque las autoridades estatales y federales lo nieguen, el estado de Veracruz y el país entero están en manos de la delincuencia organizada o común
Aunque las autoridades estatales y federales lo nieguen, el estado de Veracruz y el país entero están en manos de la delincuencia organizada o común.

La violencia ahoga a los gobernados y nadie, desde el jefe del Ejecutivo Federal, hasta el edil más modesto, son capaces de admitir que fracasaron y que el crimen los rebasó, el problema es que aún no queda clara una cosa.

¿Por qué lo niegan?... Por miedo, pena o por simple pendejismo, la respuesta la tiene usted querido lector.

Usted que vive con miedo, encerrado en su casa entre protecciones de acero, usted que no duerme mientras sus hijos andan en la calle, usted, solo usted.

Y si no fuera verdad que la delincuencia ya rebasó a las instituciones entonces ¿por qué el Ejército está en las calles?

El mismo jefe de las Fuerzas Armadas, el general Salvador Cienfuegos Zepeda, en abierto reclamo a Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, le dejó bien claro que no están a gusto, que los primeros en querer regresar a sus cuarteles son ellos, ya que los obligan a hacer tareas que no les corresponden, porque los responsables no cumplen.

Y ¿a quién se refirió cuando dijo los responsables? Pues claro, a los gobernadores, entre ellos Miguel Ángel Yunes Linares y a los secretarios de seguridad pública estatales, incluido Jaime Téllez Marié.

Los violentos hechos, pese a la presencia de los soldados, refrendan la caótica situación, mientras los miopes funcionarios se empeñan en negar la realidad y ya cuando la ven muy dura piden ayuda, pero sin aceptar su incapacidad para solucionar sus propios problemas.

En el estado de Veracruz, en los últimos días, hubo cabezas cabezas humanas en hieleras, alcaldes asesinados, jefes policíacos ejecutados, mujeres muertas en narcoajustes, embolsados, descuartizados y enfrentamientos entre narcos, policías y militares, lo que ha dejado un buen número de víctimas.

Sin embargo, bajo la perspectiva de las autoridades encargadas de
la seguridad, la situación no es alarmante e incluso afirman que “ha habido una significativa disminución en delitos de alto impacto”. A otro perro con ese hueso.

La realidad es otra y es clara.

La semana pasada fueron arrojados dos cuerpos sin manos en la zona norte de la ciudad de Veracruz y uno más dos días después, en la puerta de la narco-disco Capezzio; se han registrado ejecuciones en las regiones de Poza Rica-Tuxpan, Coatzacoalcos-Minatitlán, Córdoba-Orizaba, Veracruz-Boca del Río e incluso en la mismita capital del estado, Xalapa.

A pesar de ser violencia, el comandante de la Primera Región Naval, Fernando Arturo Castañón Zamacona, nos dio el consuelo de que se trata de ajustes de cuentas entre dos grupos antagónicos de la delincuencia organizada, o sea, algo así como el reacomodo de quienes vienen a sacar a los que ya estaban. Y me pregunto.

¿A caso las muertes de delincuentes a manos de otros delincuentes no son violencia?

Sería el colmo que don Castañón se atreva a aceptar que otros hagan su trabajo con una oleada de violencia y con la ley y la justicia.

Otro ejemplo de violencia que rebasa a las instituciones fue la balacera registrada esta Navidad a plena luz del día en Xalapa, donde la Policía Estatal, como siempre, llegó tarde y solo para recoger los cuerpos y los casquillos.

Pese a todo esto, las autoridades estatales y federales, encabezadas por el representante del ejecutivo estatal, Miguel Ángel Yunes Linares, salen a dar la cara para decirnos que todo está bajo control y que la delincuencia ha bajado considerablemente a tan solo 13 días de haber implementado el Operativo de seguridad en Veracruz, como si tuvieran una varita mágica o como si los ciudadanos fueran ciegos.

A propósito de lo que no han hecho las policías:

¿Qué ha sido de “El Mencho”, “El Mayo”, “El Tequilero”, “El Azul”, "El Javidú" y "La Karime", entre otros temibles capos?...NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER.